LOS SISTEMAS DE COSTES EN EL SECTOR DE TELECOMUNICACIONES
Jesús Cabrera de la Iglesia
Director
del Departamento de Estudios Económicos
de
Telefónica de España S.A.
1.
PROBLEMÁTICA DE LA DEFINICIÓN DEL SISTEMA
DE COSTES DE UNA EMPRESA
1.1. El
sistema de costes como concepción empresarial
El "sistema de costes" de una empresa es algo más que la mera
disposición de un sistema ordenado de cuentas para reflejar las relaciones de
entradas y salidas de los flujos de valor entre los diversos centros de
producción que configuran la empresa y las de estos con relación al mundo
exterior.
Cuando una empresa aborda inteligentemente la definición de su propio
sistema de costes, con voluntad de que el mismo sea una herramienta útil para
mejorar la optimización de la gestión en términos de eficiencia, los gestores
de tal empresa deben ser conscientes de que están ante un reto de
autodefinición de la concepción colectiva del negocio.
Se trata precisamente del ordenamiento de los cauces a través de
los cuales se pretende que sus propios esfuerzos (costes) alcancen la
condición de productos realizados en el mercado (ingresos).
Además de esto, que ya tiene una enorme carga de dificultad-riesgo, la
concepción, que habrán de concretar, ha de tener la característica de ser
asumida colectivamente por todos los responsables de la gestión, de forma
interiorizada, al modo que lo hacen las "instituciones" en sociología,
como algo que todos o la mayoría asume, sin que nadie lo imponga.
A su vez, esa concepción colectiva de los procesos productivos que se
desarrollan en el seno de la empresa, y que es la esencia de la definición de
su sistema de costes, deberá ser susceptible de ordenamiento contable y
compatible con los sistemas de información que existan o hayan de existir en la
empresa, sin añadir esfuerzos excesivos de información sobre las fases del
proceso productivo.
Por último, esta transformación del sistema de costes en un sistema de
cuentas, conlleva algo que es peculiar a todo sistema de contabilización: su
carácter de auditable. Aun cuando
la auditoría no sea obligada ante terceros, ya que las contabilidades internas
no suelen estar sometidas a esta imposición, la característica de auditable, y
por tanto de consistente en el mantenimiento y evolución de sus criterios de
valoración e imputación a lo largo del tiempo, también debe serle exigida
desde el punto de la operatividad interna.
En resumen, antes de entrar en las dificultades prácticas que comporta
la definición del sistema de costes de una empresa, podríamos esquematizar las
citadas características, que debe de tener:
- Es una concepción descriptiva de las interrelaciones de valor en el
proceso productivo.
- Útil para la gestión:
* Resalta la eficiencia alcanzada en cada caso.
* Asocia esfuerzos productivos (costes) a ventas (ingresos).
- La concepción se institucionaliza:
* Interiorizada por los responsables de la gestión.
* Resulta ser una concepción subjetiva de la empresa en la que ésta
"se la juega".
- Susceptible de generar un sistema contable:
* Compatible con los sistemas de información
* Minimizando los esfuerzos de información
* Y es auditable, aun cuando no haya de ser auditada.
La mayor dificultad práctica, para institucionalizar la definición del
sistema de costes en una empresa, radica en hacer comprender a los responsables
de la gestión, a todos ellos, la importancia del riesgo que corre la empresa en
algo que, en principio les propone como un sistema formal, teórico, poco práctico,
que perderá la mayor parte de su virtualidad si no es plenamente asumido por
ellos.
Un sencillo ejemplo puede ayudar a entender la importancia práctica de
lo que debe representar en una empresa el sistema de costes.
"Dos empresas A y B decidieron entrar simultáneamente en un mercado
nuevo para ambas, con una línea de productos idéntica en ambos casos y que
les exigía, también a las dos, abrir un nuevo establecimiento alejado de sus
otras sedes. Todo lo hicieron de
forma muy parecida de tal modo que el coste de los locales, inversión en
equipos, personal contratado, etc. resultó ser prácticamente idéntico. Para que el caso resulte todavía mas fácil de analizar,
sabemos también que durante los tres primeros años, vendieron aproximadamente
las mismas unidades del producto y al mismo precio, ya que se trataba de un
mercado muy competitivo, en condiciones muy transparentes y con un gran número
de oferentes.
Al cabo de los dichos tres años el Gerente de la Empresa A comunicó a
su Consejo de Administración la propuesta de liquidación de tal
establecimiento, en vista de que la evolución de los precios en el mercado le
hacía prever que, el escaso margen de beneficio alcanzado el último año, se
transformaría en negativo en el siguiente y sucesivos.
Al mismo tiempo, sometía a decisión del Consejo un hábil plan de
liquidación por el cual se integraría una parte de la plantilla en otros
establecimientos de la empresa. A
su vez, el despido en condiciones no muy gravosas del resto de la plantilla ya
se había pactado con el sindicato más representativo. Y, por último, un
plan bastante razonable de venta, realizando ciertas plusvalías, del solar y
del edificio donde estaba ubicado el establecimiento, permitiría que toda la
operación de liquidación arrojará un saldo positivo en la cuenta de
resultados del ejercicio, ahorrándose así las muy probables pérdidas de continuar
en la actividad.
Para terminar la historia, únicamente diremos que la Empresa B aumentó,
el cuarto año, su cuota de participación en el mercado, el establecimiento
en cuestión logró una pequeña aportación positiva a su cuenta de
resultados, que fué creciendo en años sucesivos con el lanzamiento de nuevos
productos dentro de la misma línea de negocio y, finalmente varios años después,
era el líder del mercado en tal línea de negocio, habiendo gravitado la
mayor parte de la actividad de la Empresa B en esa dirección”.
El ejemplo no es un caso real, ya que resultaría muy difícil contrastar
empíricamente las estrictas condiciones de semejanza entre los nuevos
establecimientos de ambas empresas pero, por lo demás, el planteamiento sería
fácilmente identificable con multitud de reales. Lo que a nuestro propósito
interesa destacar es que, en condiciones reales idénticas, ambas empresas
tomaron decisiones diametralmente opuestas, y ello podría deberse
exclusivamente a una concepción distinta de un mismo proceso productivo, o
sea de su Sistema de Costes.
Imaginemos que, tratando de concebir sus respectivos Sistemas de Costes,
después de darle muchas vueltas a la cuestión en ambas empresas, en el seno
de la Empresa A decidieron que el 10% del coste de la plantilla no era imputable
al proceso de producción de la primera gama de productos que lanzaran al
mercado, aunque sí lo sería a la línea de productos cuando esta se
desarrollara plenamente. Por otro lado, en la Empresa B, llegaron a idéntica conclusión
y por las mismas razones, pero referida al 20% de los costes de plantilla.
Esto bastaría para justificar la diferente cuantificación de la aportación
al margen del establecimiento y la razonable propuesta de liquidación del
mismo por parte del Gerente de la Empresa A. Triste "buena decisión"
para los accionistas, suponemos, pero al fin y al cabo, una razonable decisión
desde el punto de vista de los criterios que habían adoptado.
No queremos abundar más en el ejemplo, que así formulado no dará
cuenta de la multitud de matices que podría alcanzar, pero es suficiente para
ilustrar que concepciones diferentes de un mismo proceso productivo pueden
conducir a cuantificaciones muy diferentes de las aportaciones al margen de los
distintos productos que realiza una empresa y a decisiones de gestión, todas
ellas razonables en los términos en que se plantean, pero con muy diferentes
resultados prácticos para la Empresa. Por
ello, podemos decir, coloquialmente, que en la definición de su Sistema de
Costes cada empresa "se la juega".
Ciertamente, la empresa se juega en ello mucho más que el alcance de tal
o cual decisión de gestión concreta, se juega el sentido que informa todas
las decisiones tendentes a maximizar su eficiencia empresarial.
Desde este punto de vista, el Sistema de Costes es la explicitación, en
cada caso particular, del clásico esquema divulgado por C. Marx: Dinero
-Mercancía - Dinero (D-M-D), en tanto que permitirá asociar, cada acto o
decisión de invertir o gastar en recursos productivos, con los otros actos o
decisiones subsiguientes que procuran la realización en el mercado de la
mercancía producida.
1.2. El sistema de costes y la contabilidad de gestión en las empresas
El planteamiento resulta igualmente vigente, tanto para una concepción
tradicional del comercio o de la industria transformadora, como para las más
modernas concepciones de los negocios con estrategias corporativas muy
complejas y apoyadas en una intensiva globalización de los mercados y
poderosos recursos financieros y de marketing tanto institucional, como de
producto.
La diferencia entre unas y otras formas de concebir los negocios,
-tradicionales y modernas- abunda en la mayor necesidad de prestar atención a
la concepción empresarial del Sistema de Costes por parte de las empresas
modernas. Precisamente las formas modernas, por su mayor complejidad de
objetivos parciales, hacen tanto más necesaria la reflexión institucional
sobre la formación de los costes, que aquella que sería menester en el seno de
la concepción tradicional, la cual casi convertía el planteamiento en una
obviedad.
Por ejemplo, es cosa bien distinta, desde nuestro punto de vista, comprar
una mercancía para revenderla con un margen siempre positivo (negocio del
comercio tradicional), que comprar sistemáticamente todo aquello, que
nuestro particular segmento de clientela pensamos que va a demandar, para
ofrecérselo de acuerdo con la imagen de nuestra firma (concepción más moderna
del negocio de distribución).
La diferencia entre uno y otro tipo de negocio es sin duda la mayor
complejidad del segundo. Pero,
aparte de la complejidad que explica poco por si misma, a nuestro juicio, la
diferencia sustancial radica en sobre qué se proyecta la visión estratégica
del negocio. En qué se fija la "vista comercial".
En el caso del comercio tradicional la "vista comercial" se
proyecta sobre determinados artículos que se pueden vender con un margen razonable.
A este tipo de comerciante no le importa decirle a un cliente: "lo siento
pero ese artículo que Ud. busca no lo trabajamos". En cambio el
comerciante de la "gran superficie" pone su "vista
comercial" sobre la demanda y la capacidad de compra de un segmento de mercado,
entendiendo como un fracaso comercial que un cliente habitual no encuentre entre
sus estanterías aquel artículo que "debería encontrar". Su
conciencia de empresario no se tranquilizará acordándose de que el
fabricante de tal artículo adoptó una actitud muy dura en sus últimas
negociaciones, pero tampoco se lanzará a remediar inmediatamente la falta
cursando un pedido, sin antes reflexionar en su estrategia respecto a la
elección de las marcas y secciones de artículos que configuran su negocio,
poniendo todo ello en relación con el determinado segmento de mercado, o
clientela, en el que estratégicamente decidió posicionarse: ¿Acaso el
cliente frustrado no vió la mejor alternativa que se le ofrecía? ¿Dicho
cliente es un típico representante de mi clientela o un tipo raro que pasó por
aquí?, ¿Porqué optamos por tal fabricante en lugar de por otro?, ¿Cuando se
ha gastado en publicidad la marca que tenemos en las estancias preferentes? Y así,
una larguísima lista de preguntas.
Los negocios modernos son una difícil concepción estratégica basada
en la obtención de beneficios globalmente, o de hacer rentables unas
determinadas inversiones de capital, a través de un tipo de actividades en
unos escenarios de mercado previstos. En ellos, unas veces se gana y otras veces
se pierde, pero esto no tiene importancia salvo por que hay que saberlo para
orientar el negocio en la dirección estratégicamente elegida. Eso no es
posible hacerlo si se carece del mapa que indica, acertada o erróneamente, el
cauce por el que esta previsto recuperar cada peseta gastada o invertida en la
gestión del negocio; o sea, en la producción de mercancías.
Dicho mapa lo procura aquello que llamamos el Sistema de Costes que, a su
vez, dará lugar a los planteamientos de la Contabilidad Interna Analítica de
los Cosas, o a la idea más moderna y ambiciosa que se conoce como Contabilidad
de Gestión, la cual incorporaría no solo dicho mapa, si no también la
información de los escenarios que han servido de marco a la concepción
estratégica elegida por la empresa.
1.3. Los sistemas de costes en la producción de servicios
Cuanto llevamos dicho acerca de la concepción y definición del Sistema
de Costes de una empresa, sería igualmente aplicable a cualquier empresa, sea
cual sea el sector de actividad económica al que esté vinculada y con
independencia de su dimensión, pero el grado de dificultad para concebir el
Sistema de Costes de una empresa en particular variará muchísimo en razón
del tipo de actividad y de su dimensión empresarial.
No nos vamos a ocupar de la cuestión del tamaño de la empresa, ya que
resulta evidente que la dificultad aumenta con la dimensión empresarial. Las
empresas de tamaño pequeño en las que todas las decisiones de alguna
importancia pasan por la misma cabeza, suelen confiar a la intuición de esta
persona la plena concepción del negocio y en esta concepción estará incluido
el Sistema de Costes. Los pequeños empresarios saben muy bien, o creen saber,
como van a recuperar cada peseta que ellos mismos deciden invertir o gastar en
el negocio y, en sentido contrario, perciben con claridad cuando una operación
de realización (venta) aporta o no lo que de ella cabía esperar.
En las empresas grandes nadie es capaz de tener todo en su cabeza. El
Sistema de Costes habrá de ser explicitado y desarrollado por la Contabilidad
correspondiente, de tal modo que la única sensibilidad sobre los distintos
negocios, y su aportación a la formación del resultado empresarial, será la
que transmita dicha Contabilidad de Gestión.
Sin embargo, no resulta imprescindible disponer de una Contabilidad
de Gestión suficientemente desarrollada para gestionar grandes empresas con
relativo éxito. Lo prueban
multitud de grandes empresas que han funcionado relativamente bien con
Contabilidades de Gestión poco desarrolladas o inexistentes.
Pero ello, lo único que demuestra es, o bien la genialidad intuitiva
de sus gestores, o bien la relativa sencillez de la propuesta de los negocios
abordados por la empresa por muy grande que esta fuera. Este puede ser el
caso, como más adelante veremos, des las empresas operadoras tradicionales de
servicios de telecomunicación.
La Contabilidad de Gestión y su correspondiente sustrato de la concepción
de los Sistemas de Costes, se ha ido desarrollando, a partir de las grandes
empresas del sector industrial, para ir progresivamente penetrando en empresas
mas pequeñas del mismo sector y finalmente, con la terciarización de las
economías más desarrolladas, se plantea su desarrollo en las empresas del
sector productivo de los servicios. El proceso parece lógico no solo en razón
de la preeminencia de un sector frente al otro, en una u otra etapa del
desarrollo económico moderno, si no también en razón del grado de
dificultad diferente que ofrece la concepción del proceso productivo de los
servicios desde el punto de vista de los costes.
Existe un menor grado de dificultad para concebir el proceso de formación
de los costes de un producto, cuando este es tangible y almacenable y, además,
ha sido producido en un proceso industrial que sugiere un cierto paralelismo con
el proceso de formación del costes, aún cuando este paralelismo pueda resultar
en ocasiones engañoso. Así, las primeras Contabilidades de Costes se
conocieron bajo la denominación de Contabilidades Industriales.
1.4. La subjetividad en la concepción de los costes para una gestión empresarial modernizada
Los planteamientos de Contabilidad Industrial conceden muy poca
importancia a lo que venimos llamado el Sistema de Costes, entendiéndolo como
la descripción, cargada de sentido estratégico, a la que se ajusta la concepción
hecha por la empresa de sus procesos productivos.
Sería como darle la vuelta al planteamiento: Para una Contabilidad
Industrial el proceso productivo es "el que es" y su resultado es la
realización en el mercado del producto resultante por el coste industrial
predefinido más un margen. Si el
margen resultara ser negativo se abandonaría la línea de producción.
Por el contrario, para la Contabilidad de Gestión estamos ante la
concepción de un producto para el mercado con un valor de cambio conocido o
esperado, que ha de ser producido sin incorporar en el proceso más valor que el
equivalente de dicho precio, y ello se persigue bajo el convencimiento de
servir con ello a los objetivos estratégicos generales de un proyecto
empresarial
Esto no quiere decir que las empresas tradicionales carecieran de
proyecto empresarial, por ejemplo, las fábricas de automóviles de hace 60 años.
La diferencia es más bien de grados de libertad y de versatilidad de las
unidades empresariales dentro de campos de actividad más diversificados y
mercados ampliamente globalizados, que brindan mayor número de alternativas. En
la actualidad, si el lanzamiento de un modelo de automóvil no alcanza el éxito
de mercado esperado, probablemente no será por la desviación de su coste de
producción o por que haya de ser vendido a un precio distinto de aquel con el
que se proyectó, es más probable que el fracaso se reconozca como un error de
valoración de las apetencias del "nicho" de mercado al que el modelo
estaba destinado, o una falsa concepción de la ocupación que otros fabricantes
iban a hacer de tal "nicho".
A ningún fabricante se le ocurriría hacer frente a la situación planteada,
de un modelo que "no pega" en su segmento de mercado, recurriendo a
una drástica rebaja de precio, salvo que piense que se pueden recuperar algunos
de los costes de producción encajando el modelo en otro segmento de mercado
distinto de aquel al que iba dirigido, lo cual será altamente improbable.
Pero suponiendo que esto último fuera posible y que se continúe la
producción del modelo con éxito, colocándolo en su nuevo segmento de mercado
y a menor precio, desde el punto de vista que nos ocupa habríamos de
preguntamos: ¿cual es el coste unitario de producción del automóvil, el que
pensaban antes o el que pensaron después del fracaso inicial?.
Porqué la rebaja del precio habría conducido a un margen negativo,
salvo que exista una nueva concepción del coste acompañando a la
"reconceptualización" del modelo en el nuevo "nicho".
Es elemental que nadie continuaría esforzándose en vender una línea de
productos que acumula pérdidas en la cuenta de resultados.
Si esto ocurre será por una implícita o explícita reconsideración de
los costes de producción, luego habremos de entender que son irrelevantes para
la empresa ciertos retoques de su Contabilidad de Gestión, si con un movimiento
táctico de reclasificación del segmento de mercado de destino, logran superar
la hecatombe empresarial que se les venía encima.
Alguien podrá pensar que esto no es serio, y que los cálculos de costes
así establecidos son una falacia carente de la más mínima objetividad y
credibilidad y, efectivamente, eso es lo que con toda probabilidad pensaría
el empresario industrial de hace 60 años, que no podía concebir otra
Contabilidad Industrial que no fuera la que le proporcionaba un coste medio
cierto, indudable y objetivo, de cada uno de sus diferentes productos.
En la revisión de esta forma de pensar ha influido, como antes decíamos,
la propia evolución de los negocios industriales, el perfeccionamiento de los
mercados y de las técnicas de marketing, la globalización de los mercados y la
mayor versatilidad de las empresas para diversificar riesgos y, como ingrediente
fundamental de tales cambios, el cambio tecnológico que siempre proporciona
nuevas alternativas a los procesos productivos.
Para la reflexión que nos ocupa son importantes dos aspectos del cambio
tecnológico:
- el crecimiento relativo del sector servicios y,
- la evolución de las técnicas de gestión empresarial.
La fuerte emergencia del sector de producción de ser-vicios, no podía
heredar la concepción industrial del cálculo de los costes de producción,
que estaba rígidamente establecida sobre el propio esquema industrial de
producción y, sin embargo, estaba precisada, incluso más que las empresas
industriales, de la orientación de la gestión en base a los coses de producción.
Por otra parte, en todas las empresas, cualquiera que fuera su sector
de actividad, se iban desarrollando formas más modernas de gestión, con más
información y la racionalización de los procesos de decisión que hada
posible la mayor riqueza de información aportada por los procesos informáticos.
La confluencia de ambas tendencias ha conducido a superar la dificultad
intrínseca que al principio parecía tener el cálculo de los costes de una
empresa "no industrial" pero, al mismo tiempo que se superaba esta
dificultad, la propia concepción de lo que deberían ser los costes ha ido
cambiando.
Ha quedado ya muy alejada del interés práctico actual en las empresas
la discusión sobre el "full-costing versus direct-costing". Los profesionales de la gestión, en las empresas modernas,
saben muy bien lo que tales sistemas representan, pero no están dispuestos a
aceptar, como paradigma de sus decisiones de gestión, cualquier algoritmo
extraído de un manual de contabilidad. Prefieren
ser ellos mismos los que maticen el algoritmo, llegando a una "convención"
entre ellos, que se convertirá en el baremo interno para tomar decisiones o
para ser juzgado por los demás una vez que la decisión fue tomada. Lo
importante es que tal baremo, o norma de decisión, sistemáticamente aplicada
por cada responsable en su faceta correspondiente del negocio, conduzca al óptimo
de eficiencia de la gestión empresarial en su conjunto. Una anécdota puede
ilustrar esto: Cierto director financiero, en una cierta circunstancia de su
empresa, se veía en la necesidad de renegociar cada año la totalidad del
pasivo exigible de la entidad que se encontraba fuertemente endeudada. Nuestro
director financiero estaba casi siempre enredado con los banqueros en agrias
discusiones de renovación de prestamos y operaciones de crédito, tratando de
conseguir siempre la ampliación del riesgo asumido, por el banco
correspondiente, con su empresa y el más bajo coste real del dinero.
A juicio de quienes más le conocían, aquel ejecutivo no ejecutaba mal
su función. Era un buen técnico y
un hábil negociador que aprovechaba con agilidad y astucia cualquier atisbo
favorable de negocio para venderle, al banquero de turno, la idea del ascenso
imparable de su empresa en el mercado. La simple presentación de una oferta
para participar en un concurso internacional de proveedores, era buena ocasión
para visitar a varios banqueros y convencerles de que elevaran a sus Juntas de
Decisión una propuesta de ampliación del limite de riesgo para su empresa.
Por otra parte, a la sazón, la empresa iba mejorando poco a poco su
situación financiera a pesar de la obstinada actitud de sus accionistas de no
hacer nuevas aportaciones de capital, a base de capitalizar beneficios y, años
después, quedó demostrado que nuestro hombre no había engañado a nadie. Pero
él, ya no estaba allí.
El personaje de esta historia tenía una fea costumbre.
En cada reunión de directores presentaba un informe de las operaciones
de crédito que había obtenido en los meses transcurridos del año, haciendo
notar la diferencia entre el coste de la operación realizada y él de la
propuesta menos favorable. Tales diferencias las acumulaba en un lloran
total" que, según él, era el resultado de su gestión personal.
Esto le costó el puesto de trabajo a tan eficaz ejecutivo, ya que ninguno
de los otros directivos, y ni siquiera el Gerente General, podían entender, ni
mucho menos aceptar, que uno de ellos, y precisamente el que más Contabilidad
sabía, aportara él solo a la cuenta de resultados una cantidad mayor que el
saldo total de la misma ¿donde quedaba lo aportado por los demás?.
Era cierto que sin una buena gestión financiera aquella empresa se
hubiera hundido, pero no era menos cierto que el Director de Exportaciones
conseguía operaciones de exportación muy difíciles que elevaban la capacidad
productiva utilizada de la fábrica hasta el 95% de su capacidad teórica, y que
el Director de Fábrica hacía milagros de programación para cumplir los plazos
de entrega de los pedidos, o que el Director de Personal, por ejemplo, siempre
se las arreglaba en las discusiones de los Convenios Colectivos, para dar la
sensación ante los representantes de los trabajadores de que no había ningún
pedido crítico que le preocupara en aquel momento aunque le pararan la fábrica
15 días.
Aquella empresa, evidentemente, no tenía un buen Sistema de Costes,
pero sin embargo funcionaba muy bien la CONVENCIÓN siguiente: "A partir
de una ocupación efectiva de la fábrica del 70 % empezarnos a ganar
dinero". Esto no era del todo cierto, como después se demostró con
algunos crudos de costes que se hicieron, pero la CONVENCIÓN funcionó y todo
el mundo -entre el principal colectivo de responsables, me refiero- sabía
cuantas unidades físicas de producción semanal representaba tal 70% y si se
habían conseguido la semana parada o no.
Los estudios de costes posteriormente pusieron en evidencia que había
unos cuantos elementos en la gama de productos del catálogo cuya aportación al
margen era muy crítica. Si estos hubieran desaparecido del "mix"
vendido realmente durante los primeros años de actividad, la empresa hubiera
sido inviable. Pero este "descubrimiento", cuando aconteció, no causó
la más mínima sorpresa entre los directivos, ellos "ya los sabían"
y sabían también que el pretendido "punto muerto" del 70% era
"contando con esto". El Director de Ventas lo explicitó simplemente
diciendo que "a él siempre le habían preocupado los pedidos que llegaban
del segmento de mercado que consumía esa parte de la gama". Pero lo dijo
sin darle la mas mínima importancia, cuando de ello había estado dependiendo,
tanto como de la gestión financiera, la supervivencia de la empresa.
Ahí radia lo esencial de la cuestión.
Cuando una empresa se está jugando su supervivencia si deja de vender
una determinada cantidad del producto A, o al segmento de mercado X, tienen que
saberlo sus ejecutivos y además tienen que saber también otros muchas cosas
que se descubren analizando la formación de los costes desde la perspectiva
estratégica adecuada.
1.5.
El sistema de costes y la gestión empresarial
Dicha perspectiva no es otra que aquella que contempla el análisis de la
formación de los costes incluyendo el análisis dentro de la globalidad de la
estrategia empresarial los escenarios de mercado con los que ha diseñado tal
estrategia y como se piensa sacar adelante el negocio. No siempre es bueno ganar
en cada operación.
Con esta nueva forma de entender los Sistemas de Costes ya no hay
diferencias sustanciales entre las empresas industriales y las empresas de
servicios. Para unas y otras el problema se ha vuelto más etéreo, más
filosófico si se quiere, y la ventaja histórica de las empresas industriales,
basada en la corporeidad del producto y el rígido "camino" para su
producción, que marcaban las cadenas de montaje, ya no es más que una pequeña
diferencia que, obviamente, sigue facilitando algunos aspectos de la cuestión
en la medida en que resulta más fácil describir lo que se ve y se puede tocar,
que lo que únicamente produce anotaciones en papeles, como puede ser para una
agencia de viajes la venta de un billete de avión.
Subsiste, no obstante, una diferencia notable entre las empresas industriales
y las de producción de servicios para el desarrollo del Sistema de Costes
correspondiente. Nos referimos a la
incapacidad de almacenamiento del producto que es consustancial a las
productoras de sonidos. Cuando una
línea de transporte aéreo conduce a 100 pasajeros en un avión en el que
caben 300, no puede guardar las plazas sobrantes para el día siguiente, del
mismo modo que una empresa operadora de telecomunicaciones no puede aprovechar
la disponibilidad de capacidad de la noche anterior para aliviar la congestión
de la hora punta de tráfico del día siguiente.
El diferencial de dificultad para el tratamiento de los costes al que nos
estamos refiriendo, tiene que ver con una concepción determinada de la
formación del valor asociada a la formación del coste de producción. Nos referimos a la clásica Teoría del Valor construida
sobre paradigmas industriales y que requiere ser reinterpretada ante la evidencia
de que las economías modernas producen masivamente mercancías que son
servicios.
No hay mayor dificultad, a nuestro juicio, para encontrar en las empresas
de servicios el equivalente de las cadenas de agregación de valor que se
muestran muy palpablemente de las empresas industriales, pero hay que hacer un
esfuerzo de imaginación para encontrar tal equivalente, así como para
comprender, y transformar, la desocupación transitoria de los recursos en
ocupación útil necesaria para alcanzar un estándar de calidad superior que
redunde finalmente en un aumento del valor de cambio de los servicios
realizados. Pero esto no es teoría
si no "praxis" de la ejecutoria empresarial.
Cuando hablemos de los servicios de telecomunicación volverá a surgir
esta cuestión y como puede ser resuelta mediante la realización (venta) de
la "disponibilidad", lo que significa como las empresas de este sector
han descubierto que se pueden vender servicios que son mera
"disponibilidad" o estado pasivo de la estructura productiva. También
lo habrán descubierto otras empresas de servicios.
2. LOS SISTEMAS DE COSTES EN LAS EMPRESAS DE SERVICIOS DE
TELECOMUNICACIÓN
2.1. Precondiciones del sector para la definición de los sistemas de
costes en sus empresas
Las empresas operadoras tradicionales de servicios de telecomunicación,
como ATT en Estados Unidos, la Compañía Telefónica Nacional de España o la
Post Office en el Reino Unido, hasta la década de los años 70 no se vieron en
la necesidad de desarrollar importantes Sistemas de Costes.
Su misión empresarial consistía fundamentalmente en explotar la
producción de los servicios de telecomunicación, entre otros como los de
correos o telégrafos, en régimen de exclusividad bajo tres orientaciones básicas
de gestión:
1. La universalización del servicio, en el sentido de avanzar en su
extensión hasta los últimos rincones del país y a todas las capas sociales.
2. Lograr la suficiencia global de sus ingresos para proseguir el desarrollo
de las infraestructuras, en aras de la universalización del servicio cubriendo
los costes regulares de explotación, y
3.
Prestar los servicios de telecomunicación en condiciones técnicas y económicas
de calidad comparables con ciertos estándares universales que el propio sector,
a escala mundial, iba determinando, o sea, un nivel tecnológico adecuado con
el nivel de desarrollo económico del país y con la demanda de los clientes más
exigentes.
No vamos a entrar en los pormenores de como estas tres orientaciones básicas
de la gestión empresarial son igualmente válidas para tres empresas tan
diferentes entre sí como las citadas, pero habremos de señalarlo como una
realidad "de facto", que nos permite generalizar sus planteamientos,
muy, semejantes, en la cuestión que nos ocupa. No obstante, veamos en líneas
generales estas diferencias:
- A.T.T. en Estados Unidos fue, hasta 1.982, un "holding" de empresas
operadoras de servicios de telefonía cuya extensión cubría más del 90% del
territorio continental del país, operando el servicio en régimen de
exclusividad, siendo como era una empresa estrictamente privada, que había
llegado a un "statu quo" pactado con otras operadoras (llamado Bell
Systen) que fue respetado y sancionado por las autoridades reguladoras del
mercado durante muchos años.
- La Post Office en el Reino Unido fue sencillamente un Ministerio del
Gobierno Británico encargado de la provisión de los servicios de correos,
telegrafía y telefonía.
- La "Compañía Telefónica Nacional de España S.A. era desde 1926
una empresa privada sin participación estatal durante muchos años y cuando
la tuvo fué minoritaria no superando nunca el 35% de las acciones. En todo
caso, por concesión estatal, fué la empresa explotadora en exclusiva de los
servicios telefónicos en prácticamente todo el país desde aquella fecha, con
alguna excepción territorial transitoria.
Decíamos anteriormente que estas tres unidades empresariales, tan
diferentes en cuanto a su gestación, organización y recursos, y en d orden de
su dependencia del Sector Público, operaron durante muchos años siguiendo
unas orientaciones empresariales muy semejantes, tales como las que hemos
enunciado. Añadiremos que casi todas las operadoras de
telecomunicaciones del mundo, hasta la década de los años 80, podrían ser
asimiladas a alguno de los tres modelos citados y considerarlas orientadas por
los mismos objetivos empresariales.
Con este panorama de agentes hasta hace solo 10 años, el Sector de los
servicios de telecomunicación tenía muy poco que ofrecer como experiencia en
el desarrollo de Sistemas de Costes, salvo las muy elaboradas fórmulas de
Control Presupuestario que eran para dichos agentes una necesidad ineludible,
bien por su carácter de actividades incluidas directamente en los
Presupuestos Generales del Estado, o bien, por la compleja extensión de sus
áreas territoriales de actividad, y una continua actividad inversora en
infraestructuras con obras de largo período de maduración.
Ciertamente las operadoras de telecomunicaciones en general han tenido
siempre muy claramente determinadas cuestiones tales como las siguientes:
-
cuanto y en donde invertían,
-
en que tipo de instalaciones,
-
en que obras en particular,
-
que gestores eran los responsables de la inversión o de los gastos
corrientes de explotación,
-
de que naturaleza eran los gastos de explotación
-
la cuantificación de los ingresos de explotación,
-
el origen de los ingresos por conceptos tarifarios,
-
y de qué abonados o sistemas de recaudación procedían dichos ingresos,
para establecer adecuadamente la gestión del cobro.
Toda esta información, de la que podría dar lugar a un Sistema de
Costes, era tratada ampliamente en términos de responsabilidades
presupuestarias, tanto para satisfacer los controles impuestos, que ejercía el
poder regulador del Estado sobre todas las operadoras de uno u otro tipo, como
por la necesidad interna de controlar la gestión. Finalmente, siguiendo la
normativa contable vigente en cada país, toda esta información revertía a los
esquemas de Contabilidad Externa produciendo los consabidos Estados Financieros
que podían ser tan amplios y detallados como se quisiera, profundizando en las
direcciones antedichas "de donde", "en que" o
"quien" invirtió o gastó los recursos financieros o de donde se
obtuvieron los ingresos, pero sin llegar nunca a establecer, matizadamente, la
relación entre:
-
el capital que estaba trabajando para producir un servicio,
-
los costes de explotación de tal servicio,
-
la ventas del servicio,
-
los ingresos obtenidos del mismo,
-
y, en definitiva, la aportación al margen de cada uno de los servicios.
Hemos dicho que estas relaciones no llegaban a establecerse de forma
matizada, e interesa aclarar que de formas menos matizadas sí se obtenían. La
propia cuenta general (le explotación ya sería una forma de establecer tales
relaciones e incluso trascender hasta niveles de desagregación mayor. Por ejemplo, la Post Office sí establecería cuentas de
explotación diferentes para los servicios de correos, telefonía y telegrafía.
Tal vez, Telefónica de España, cuando comenzó a explotar al principio de los
años 70 su pionera Red de Transmisión de Datos por conmutación de paquetes
(IBERPAC), concediera al hecho la suficiente importancia para desarrollar una
cuenta de explotación separada, o separable, de la cuenta de explotación
general. Por lo que respecta al
"Holding A.T.T.", por la propia estructura organizativa de
"holding" de empresas, se vería obligada a presentar cuentas de explotación
separadas, en las que se podrían entrever las diferencias de márgenes entre
los servicios de corta y larga distancia, así como de las actividades
industriales que también ejercía.
En resumen, las empresas operadoras de las telecomunicaciones, como
probablemente se puede decir de todos los agentes de la actividad económica,
desarrollaron sus instrumentos de gestión únicamente en la medida que
interesaba al logro de los objetivos empresariales que ya hemos enumerado
anteriormente referidos a la etapa histórica, cuyo final podemos situar para
cada una de las empresas aludidas, con los siguientes hitos:
1983:
Desmembración de A.T.T. impuesta por el poder regulador de EE.UU.
1984:
Privatización de British Telecom, heredera de las telecomunicaciones
de la Post Office y A establecimiento de un duopolio, con Mercury, en el
Reino Unido.
1986: Promulgación de la L.O.T. y denuncia del caducado contrato concesional de CTNE con d Estado Español y el cambio de denominación social de la Empresa Telefónica de España S.A.).
Estos hitos históricos corresponden, no con tanta precisión, a una
etapa en la que ya se lían producido sustanciales cambios en el Sector:
-
Comienzo del proceso mundial de desregulación del Sector, que empieza a
ser abierto a la competencia en algunas facetas de su negocio.
-
Un intenso cambio tecnológico que abre alternativas al desarrollo de
las redes y a la forma de prestación de los servicios.
-
El comienzo de una profusa diversificación de los servicios, acompañada
de exigencias heterogéneas de la demanda de los diferentes segmentos del
mercado.
2.2.
Hacia verdaderos sistemas de costes en las empresas operadoras de
telecomunicaciones
Tras la
introducción de lo que entendemos por el SISTEMA DE COSTES de cualquier empresa
y del preámbulo que enmarca los objetivos genéricos de las empresas del
Sector, en función de sus circunstancias tecnológicas, económicas y legales,
hasta los primeros años de la década de los 80, parece razonable entender que
no ha podido hablarse de verdaderos SISTEMAS DE COSTES en el Sector hasta hace
muy pocos años. Por lo tanto, aunque algunas operadoras, como Telefónica de
España, empezaron a trabajar con esta perspectiva muy al comienzo del cambio de
escenarios, queda todavía bastante por hacer. No obstante, se empiezan a tener
bastante claras algunas líneas generales de lo que pueden ser los SISTEMAS DE
COSTES de las operadoras "ex-tradicionales" de servicios de
telecomunicación.
2.3. El reto de la conceptualización de los servicios
La primera dificultad que se presenta a una operadora de
Telecomunicaciones que trata de definir su SISTEMA DE COSTES es saber lo que
vende: Qué "cosas" vende.
La cuestión no estará clara, en principio, porque todo el mundo asocia
el acto de venta con una realización en el mercado por un precio. Y las
telecomunicaciones hasta entonces, y en buena medida hasta ahora, no tenían
precios, si no tarifas, que es un concepto de fiscalidad impuesta.
Resultará pues preciso diferenciar lo que la gente paga, porque no tiene
más remedio, de lo que la gente pagaría de grado por un servicio que compra
para su satisfacción.
Sin embargo, desde el punto de vista de la concepción del SISTEMA DE
COSTES resultará preciso empezar por algún sitio y, evidentemente, es más
operativo empezar por lo que nos viene dado que por una elucubración acerca de
lo que sería, o deberá ser, cuando los mercados de telecomunicaciones se
liberalicen plenamente.
Lo que nos vendría dado eran los pseudo-precios (tarifas) que se
aplicaban a los servicios y, tratando de eliminar conceptos demasiado
localistas, nos quedaríamos únicamente con los más generales, que fueran
identificables en un esquema supranacional europeo o mejor comunitario europeo,
si de una operadora europea estuviéramos hablando.
Debemos insistir en que la lista de conceptos tarifarios buscada, no
tiene otra finalidad que la de ayudamos a reconocer la lista de servicios que
vendemos. De esta manera, habríamos llegado a establecer una primera relación
de correspondencias entre conceptos tarifarios típicos y servicios
diferenciables, por ejemplo dentro del ámbito de la telefonía básica de voz,
y haciendo algo semejante para las prestaciones de transmisión de datos,
alquiler de circuitos, servicios de valor añadido, etc.
Esta primera relación de correspondencias podría ser la siguiente:
|
SERVICIO
PRESTADO |
CONCEPTO
TARIFARIO |
|
-
Conexión específica del cliente a la red. |
-
Cuota de conexión (una sola vez). |
|
-
Disponibilidad temporal de acceso. |
-
Cuota de abono (cada período de tiempo). |
|
-
Utilización de la red. |
-
Tarifas por cada llamada efectiva (dependiendo del número de llamadas,
distancia, día-hora, y tiempo de conversación). |
Podríamos cuestionamos si estos servicios, identificados a través de los conceptos tarifarios tradicionales más generalizados en Europa, son realmente los entes más idóneos para la comercialización: ¿por qué no vender el paquete de servicios de telefonía de voz a tanto alzado, imitando sistemas de tarificación "flat-rate", como los que han existido y existen en otros países, que cobran una cantidad fija mensual, según segmentos de mercado, sin considerar las llamadas efectuadas en un cierto ámbito? Consideraciones de este tipo podría conducimos a esquemas radicalmente diferentes.
Pero nuestro SISTEMA DE COSTES, que todavía estamos esbozando, tiene que
asentarse sobre una realidad empresarial concreta y, t como decíamos
anteriormente, esta nos ha de venir dada, no la podemos inventar.
En razón de esto prosigamos con el desarrollo del anterior esquema limitándonos
a lo que resultaba inevitablemente necesario.
Aceptando que los servicios de "conexión específica del cliente a
la red" pueden considerarse homogéneos entre sí para facilitar la
comercialización, salvo en condiciones extremas de clientes ubicados en áreas
de población muy dispersa o en extrarradios de núcleos de población
concentrada, y en aras de facilitar la universalización del servicio que en
capas marginales aún no ha sido lograda, se puede considerar que disponemos de
un primer concepto de servicio que no habrá de requerir mayores matizaciones.
Algo semejante se puede decir del servicio de "disponibilidad
temporal del acceso", salvo que habrían de ser diferenciadas formas de
disponibilidad de acceso que requieren elementos especiales como por ejemplo las
líneas que están asociadas varias entre si a nivel del acceso (líneas de
enlace).
Pero, en relación con los servicios de "utilización de la red", resulta imposible obviar decisiones al respecto de la consideración del fenómeno del establecimiento de la llamada, la duración de la misma, la distancia sobre la que se efectúa, y algo muy esencial para la economía de las telecomunicaciones y la forma